LOS INSOSPECHADOS PARADEROS DE LOS LIBROS

POESIA DE JOSE EMILIO PACHECO


Poema en audio: Inmemorial de José Emilio Pacheco por José Emilio Pacheco
(dale click)

Algunos consejos para elegir una buena lectura (parte segunda)


Uno de los caminos más felices que existen para acercarse a los libros, sin temor a decepciones, es comenzar por las antologías: son colecciones de textos seleccionados por escritores, artistas, académicos, periodistas, investigadores, en fin, gente que se da a la tarea de investigar previamente, o simplemente recopilar información y obras, de algún tema, un autor, una generación, época, corriente o movimiento artístico, para luego poner a nuestro alcance lo más representativo, según de lo que se trate.

Las antologías son muy recomendables para todos los que se placen con la lectura, pero más para los que han decidido iniciarse como lectores. Porque es allí donde encontraremos, según el criterio del o los antologadores, claro está, lo más selecto en orden de importancia de acuerdo al fin de la publicación.

Otra de tantas ventajas fascinantes que hay para acercarse a leer antologías, por su variedad de textos, es que se puede leer sin orden. Podemos comenzar por en medio, al final, al azar, buscar según el índice, es más, se puede jugar a preguntarle pertinentemente algo al libro, luego hojearlo hasta detenerse en la página que se desee y así leer la respuesta, aunque claro, lo mejor dependerá de nuestra habilidad para interpretar las respuestas y viajar con la imaginación.

Lo mismo se puede hacer con otra clase de libros que no sean necesariamente antologías, aunque corramos el riesgo de extraviarnos fácilmente. Claro que se pueden leer en desorden también libros de novela, ensayos, cuento, poesía, etc. Hay que hacerlo, de cabeza si quieren, pero, como dicen los argentos, hay que darle bola a la curiosidad como condimento esencial de la perspicacia.

Si se lee por placer, no es necesario hacerlo desde la primera página hasta la final. En realidad no hay una regla ni un canon que nos dicte que para leer un libro deba ser así, de inicio a fin. Como disciplina es ideal, además de que nos da otra perspectiva mucho más amplia de la obra. Pero si el libro que tenemos en las manos es una buena obra, podemos extraerle el néctar en cualquiera de sus páginas, pues suponemos que, un libro digno, de buena calidad en su contenido, tiene varios abrevaderos en los cuales valdrá la pena detenerse, y si se quiere, dejarse llevar por el instante. Nada hay como encontrar esos paraderos ocultos a lo largo y ancho de los libros.

También son excelentes si quieren comenzar a leer a un autor en especial. Pueden comenzar así por una antología, como mapa, y partir de ahí ir descubriendo otros territorios de la obra.

Y recuerda. leer desapendeja, pero también puede apendejar.

Algunas antologías recomendadas:

Poesía en movimiento por Octavio Paz

Omnibus de poesía mexicana por Gabriel Zaid

Antología de la poesía surrealista por Aldo Peregrini

El libro de la imaginación por Edmundo Valades

Cuentos fantásticos del siglo XIX por Italo Calvino

Antología del cuento universal por Julio Torri

Antología del humor negro por André Bretón

Cuentos de terror por Editorial Andrés Bello

Anatomía del mexicano por Roger Bartra

Iniciamos Colectivos de Lectura en SATO&CAFE


Encontramos un plácido lugar ubicado en la zona nororiental de la Ciudad de México, en el barrio de la Unidad San Juan de Aragón (el viejo USA para los que vagueábamos por esas calles allá en la niñez): SATO&CAFÉ. Es un buen sitio en el que podremos sentirnos cómodos, como en la sala de nuestra casa en compañía de una agradable selección musical. Pero lo mejor es degustar una rica taza de café de excelente nivel (el café espresso es de antología), o bien, deliciosas bebidas y bocadillos preparados por sus amables propietarios y anfitriones: Saramaría y Toño, quienes brindan una magnifica y amigable atención. Es un espacio de muy buenas vibraciones al que siempre se quiere volver. Ahora nos abre sus puertas como empresa Culturalmente Comprometida para llevar a cabo nuestros Colectivos de Lectura.

Cofradía de E. A. Poe

Iniciamos primera sesión martes 27 de octubre. De 17 a 19 hrs.

Cada cófrade leerá por su cuenta el cuento o poema que se acuerde con el coordinador en cada sesión, y se comentará de manera grupal, a manera de taller literario.


Colectivo "Elige lo que lees"

Iniciamos primera sesión miércoles 28 de octubre. De 17 a 19 hrs.

Se proponen 3 títulos de novela: Lodo de Alejandro Fadanelli; Fahrenheit 451 de Ray Bradbury; El guardián entre el centeno de J.D. Salinger.

Se elegirá el libro en grupo y cada participante leerá por su cuenta las páginas acordadas con el coordinador para comentar en cada sesión.



Requisitos: Disfrutar del café, de la lectura y compartir con nuevos amigos.


Cuota de recuperación por participar en 1 colectivo durante las 10 sesiones: $600 por persona. Promoción especial $900x2 personas (no incluye material de lectura). Si no puedes pagar la cuota te damos varias opciones: 1) pagar $70 por sesión. 2) 1 beca completa y 1 media beca; sólo tienes que entregar un ensayo en una cuartilla acerca del por qué quieres estar en el colectivo y cómo te beneficiaría esto; nosotros escogeremos a los 2 ganadores para cada colectivo.


Cupo limitado

¡TE ESPERAMOS!

Algunos consejos para elegir una buena lectura (parte primera)


Uno de los principales problemas por los que no se lee es porque no sabemos qué leer. Muchas veces entramos en la librería o biblioteca y nos extraviamos en esa inmensidad de libros y libros y más libros que puede volverse abrumadora. También resulta que cuando alguien se contagia y está motivado para comenzar a leer por gusto, no sabe cómo hacerlo ni por dónde empezar.

Nuestra intención es brindar algunas sugerencias para que puedas realizar una buena elección y así comiences a adquirir el gusto por los libros, como un catador que identifique los sabores desde los primeros tragos, y reconozca así los elixires cuando se halle frente a una buena obra.

Iniciación

Elegir un libro para leer no necesariamente es comprarlo. El verdadero dueño es el que los lee y los hace suyos. Así que puedes acudir a una biblioteca, al librero de un amigo lector, a un mercado de libros de viejo (usados), o bien a una librería.

Si te dicen que no compres libros porque son caros o porque no te van a dar de comer, ignóralos, no saben lo que dicen. Como objeto, un libro es la mejor inversión que puedes hacer pues su valor no se deprecia como muchos otros bienes, al contrario, además de ser un bien cultural, si es una buena edición, con el tiempo puede llegar a aumentar su valor. Además es un instrumento útil que hace que la gente sea libre pues desarrolla la imaginación, ejercita el pensamiento, estimula los sentidos, hace que viajes a otro lugar y época, construye sólidos lazos entre los otros y uno mismo. Tambíén sirven para formar atmósferas propicias para la lectura, o simplemente hacer estancias más placenteras. Vale la pena comprar libros. Lo malo es que no siempre podemos pagarlos, además no todos están escritos con calidad. Es por eso que si apenas nos estamos iniciando como lectores, es bueno detenerse un poco a pensar qué libro se va comprar o a leer. Aquí nos orientaremos hacia la elección de libros de literatura y de cómo elegir lo que más nos pueda gustar. Para ello hay que afinar la sensibilidad y la mirada, la intuición. Tal como hace un cazador hambriento.

Cómo comenzar

Conocemos lo que nos gusta hasta que lo probamos. Pasa con la música, las bebidas, los deportes, las películas, etc. Así que no sabremos qué nos gusta leer y qué no, sólo hasta que tengamos varias lecturas como punto de comparación. Nadie sabe de lo fascinante que es leer los cuentos de Horacio Quiroga o de Lovecraft, o las exquisiteces de Leopoldo Alas “Clarín”, de Julio Torri, o Lord Dunsany, hasta que los leemos. Así que la iniciación a la buena lectura requiere que pongamos de nuestra parte; esto es contar con una buena dosis de curiosidad y de selectividad. Hay que ser exigentes como cuando buscamos la mejor calidad y comodidad en el calzado, o en un buen corte de carne a la parrilla. Para disfrutar tanto de la lectura como de la vida, requiere que seamos selectivos en nuestras decisiones. Aunque en el caso de los libros, pueden llegar a nosotros por medio de recomendaciones que nos hagan amigos, conocidos, o que veamos en los medios de comunicación. De nosotros dependerá aceptar o no. Tal vez al menos podamos curiosear informándonos acerca de lo que nos han recomendado para saber un poco mejor si puede o no gustarnos. La infinita variedad de títulos y la poca literatura de buena calidad (digo poca en comparación a la cantidad de los libros que se publican, pues buenas obras hay muchas), nos hace que seamos exigentes para poder acceder realmente a lo vale la pena. Así que lo primero es curiosear para distinguir temas, autores, épocas.

Algo muy recurrente en los padres de familia sucede cuando tienen que comprar un libro publicado por diferentes editoriales: compran la más barata. Y así nosotros nos mal acostumbramos a hacer lo mismo. Así pasamos por alto la calidad de la traducción, más allá de si el diseño es lindo o no. Una buena traducción es importantísima para poder disfrutar y entender una buena obra. A veces las grandes obras se echan a perder por una mala traducción. Pues el traductor de alguna manera reinventa por medio de su conocimiento y dominio del leguaje, lo que el autor quiso decir. Así recomendamos se fijen muy bien y siempre pregunten sobre la calidad de la edición. Para los libros escritos en español no hay problema en ese sentido y sólo dependerá del gusto personal en el diseño o ilustración del libro. Por lo regular las llamadas editoriales independientes (pequeñas, no muy comerciales) cuidan muy bien estos aspectos pues consideran al libro un producto artesanal. Además, sus criterios editoriales pasan por un proceso estricto para seleccionar títulos que vayan de acuerdo a su filosofía.

Otra sugerencia: cuando vayan a una librería o un mercado de libros de viejo, no tengan miedo en preguntar quién de los que atiende es el que conoce mejor de libros. Tristemente no en todas las contadas librerías que existen en el país hay gente que se toma en serio y responsablemente el papel de vender libros. Muchos lo hacen igual que si vendieran hamburguesas, refrescos o tornillos. Por fortuna siempre hay excepciones y con un poco de suerte pueden encontrar un librero amigable al que le gusta su trabajo (aunque no sea bien remunerado) y que además ha dedicado mucho tiempo a conocer mejor no sólo de novedades, sino también lecturas de distintas épocas que ameritan leerse. Busquen a los libreros. Podrán identificarlos al momento en que los escuchen hablar placenteramente sobre algún escritor o un libro. Pregunten sobre otros títulos de X autor, sus contemporáneos, influencias, biógrafos, corrientes literarias, diferencias de edición, etc. Entablen un diálogo. Si no los convence investiguen por su cuenta. O si descubren que de plano no sabe o soslaya la conversación y reciben una mala atención, pueden quejarse en la gerencia (aunque a veces los gerentes son peores que los vendedores...) o en el buzón correspondiente de la empresa, o en la página de internet. Sólo así las librerías podrán mejorar el servicio para capacitar y contratar gente que sepa lo que hace. Pero no se rindan, mozalbetes como esos siempre habrá en todos los campos de la vida. Busquen a la gente apasionanada de los libros, siempre tendrán una buena recomendación que hacer. Y, como en todo, identifiquen a los charlatanes; a los que actúan como robots memorizando todo lo que tienen que decir ¿cómo identificarlos?...sólo recomiendan autores de moda, best sellers, a Gabriel García Márquez, con suerte a Carlos Fuentes, o creen que te puedes volver culto por recibir costosa información (mensajes de $50)en tu móvil.

Calvinsinhas maestras acerca de los clásicos


"Toda relectura de un clásico es una lectura de descubrimiento como la primera."


"Toda lectura de un clásico es en realidad una relectura."


"Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir."


"Los clásicos son esos libros que nos llegan trayendo impresa la huella de las lecturas que han precedido a la nuestra, y tras de sí la huella que han dejado en la cultura o en las culturas que han atravesado (o más sencillamente, en el lenguaje o en las costumbres). "


"Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima."


"El clásico no nos enseña necesariamente algo que no sabíamos; a veces descubrimos en él algo que siempre habíamos sabido (o creído saber) pero no sabíamos que él había sido el primero en decirlo (o se relaciona con él de una manera especial). Y ésta es también una sorpresa que da mucha satisfacción, como la da siempre el descubrimiento de un origen, de una relación, de una pertenencia. "


"Los clásicos son libros que cuanto más cree uno conocerlos de oídas, tanto más nuevos, inesperados, inéditos resultan al leerlos de verdad."


"Naturalmente, esto ocurre cuando un clásico funciona como tal, esto es, cuando establece una relación personal con quien lo lee. Si no salta la chispa, no hay nada que hacer: no se leen los clásicos por deber o por respeto, sino sólo por amor."


Obra recomendada de Italo Calvino: Bajo el sol jaguar, El barón rampante, Los amores difíciles, El caballero inexistente, Las ciudades invisibles, Por qué leer a los clásicos.


XVII Festival Internacional de Poesía Rosario


En estos días se realiza la XVII edición del Festival Internacional de Poesía Rosario. Evento que se lleva a cabo en 2 ciudades, Rosario y Buenos Aires, en el querido país de la Argentina. Este año el poeta homenajeado es Francisco Urondo, nacido en Santa Fe en 1930 y fallecido en Buenos Aires en 1976. Poeta, periodista, académico y militante político. Juan Gelman dijo que para Urondo no existieron abismos entre experiencia de vida y poesía "corregía mucho sus poemas, pero supo que el único modo verdadero que un poeta tiene de corregir su obra es corregirse a sí mismo, buscar los caminos que van del misterio de la lengua al misterio de la gente (…)”.

Entre los invitados de diferentes nacionalidades a dicho festival, se encuentra nuestro amigo y colaborador Ernesto Lumbreras, a quien le deseamos que la magia de la poesía sea la brújula de su viaje y que sus lecturas e intervenciones sean muy bien recibidas.

Más sobre la organización del festival y algo del trabajo literario de Ernesto: http://www.festpoesiarosario.com.ar/p_ernesto-lumbreras.html
Más sobre Francisco Urondo y su obra: http://www.literatura.org/Urondo/Urondo.html

Los jóvenes y la lectura


Por Laura Hernández


Mi propósito en este texto es plantear algunas ideas que creo útiles para quienes han emprendido la labor de formar círculos de lectura entre los adolescentes de las escuelas secundarias.


Para el filósofo austríaco, Ludwig Wittgenstein —quien se interesó profundamente por la aclaración de diversos conceptos— ‘leer’ quiere decir reaccionar a signos escritos de tal o cual modo, en el sentido en que, por ejemplo, cuando un alumno empieza a leer, lo sabemos porque hay en él un cambio de conducta (157)1 pues hay un conjunto de sensaciones más o menos características de leer una oración impresa, tales como sensaciones de atascarse, de fijarse bien, de equivocarse al leer, de mayor o menor soltura en la secuencia de palabras, etc., al igual que hay sensaciones características de recitar algo aprendido de memoria.


De tal modo que, de acuerdo a Wittgenstein, la lectura no es sólo un proceso psicológico que ocurre en nuestra mente, que consiste simplemente en traducir mecánicamente signos escritos a orales, sino que la lectura implica una vivencia que se expresa a través de ciertas reacciones características, cuyo carácter estético lo podemos apreciar al percatarnos de que, cuando leemos, letra y sonido forman una unidad. Una especie de aleación —dice él— como una fusión semejante a la que se da entre los rostros de los hombres famosos y el sonido de sus nombres, en que nos parece que ese nombre es la única expresión correcta para ese rostro. (171)


Ésa es la razón por la que ciertas cosas que hemos leído y nos han dejado una impresión honda, permanezcan en nosotros a través de una imagen y sus palabras y, dado que esa imagen es una construcción personal, podemos percatarnos de que, a pesar de que en un sentido superficial todos leamos el mismo texto, no leemos lo mismo porque las ideas que dispara en nuestra imaginación y en nuestro intelecto son diversas para cada uno de nosotros pues dependen de nuestra propia experiencia vital.


Es más, tampoco debemos olvidar que habrá a quien esas palabras, a pesar de que comprenda esos signos, no le signifiquen nada, no le digan nada, no le disparen ninguna idea. Por lo tanto, podemos decir que no siempre ‘leemos’ en un sentido profundo, es decir, no siempre hay contacto entre lo escrito y el lector. Eso sucede fecuentemente a los alumnos que son obligados a leer algo que no les interesa, es entonces cuando sólo se da esa traducción mecánica en la que está ausente la vivencia de la lectura.


Ahora bien, por otra parte, es interesante observar que la lectura sólo fue posible cuando existió la escritura y que ésta es un producto cultural, específicamente de la civilización, y no de nuestra naturaleza; por ese motivo, existen culturas en las que no es relevante registrar ésta por escrito sino transmitirla oralmente, como sucede en muchos de los grupos indígenas de México. El poeta portugués Fernando Pessoa, señala al respecto:


El hombre natural puede vivir perfectamente sin leer y escribir. No puede en cambio hacerlo el hombre al que llamamos civilizado; por eso, como dije, la palabra escrita es un fenómeno cultural, no de la naturaleza sino de la civilización de la cual la cultura es esencia y sostén. [...] La palabra hablada es inmediata, local y general. [...] La palabra escrita es mediata, amplia y particular. Cuando escribimos, y tanto más cuanto mejor y más cuidadosamente escribimos, nos dirigimos a alguien que no va a oírnos, alquien que va a leernos; a alguien que no está a nuestro lado; a alguien que será capaz de entendernos, y no a alguien que tiene que entendernos, teniendo por eso que entenderlo nosotros primero a él (141-142)


Al hablar de esta preocupación del escritor y su lector, es evidente que Pessoa —como poeta— se refiere a la escritura literaria; sin embargo, podríamos afirmar que esta preocupación se presenta, asimismo, en los textos no literarios, como por ejemplo la prosa científica y el periodismo, que también se escriben pensando en las expectativas que los lectores tienen pero, en este caso, sólo con relación a un ámbito de información de hechos e ideas, algo más superficial, si pensamos en que la literatura genera en nosotros emociones intensas de felicidad, de sufrimiento, de zozobra, de terror, etc. Cuando leemos una novela que nos apasiona, vivimos literariamente las emociones de sus personajes, a tal grado que no podemos desprendernos de la lectura o, si lo tenemos que hacer, pensamos obsesivamente en la historia. En el caso de la poesía, el enganche emocional se revela en el recuerdo nítido de las palabras que, cuando las pronunciamos, nos llenan de un goce inefable. Y es que en el poema no es sólo lo dicho lo que nos conmueve sino, en mayor medida, cómo está dicho: su musicalidad. En ese sentido, siendo el origen de la poesía el canto, ésta existiría aun si la escritura nunca se hubiera dado, lo cual no es verdad para la prosa, pues mientras la poesía es básicamente generadora de emociones, la prosa lo es de ideas; no obstante, es posible que esos dos ámbitos se entrecrucen y den lugar a una prosa poética que encontramos en mayor medida en el ensayo filosófico que se aproxima más a la literatura que a la ciencia.


Creo que ahora podrá ser más claro por qué la relación entre la escritura y el lector, en el texto literario, es más emocional que intelectual, que su código tiene un carácter fundamentalmente simbólico, pues como señala Pessoa:


A fin de cuentas, ¿qué es una obra literaria sino la proyección en el lenguaje de un estado del espíritu o del alma humana? Y esa obra es el símbolo vivo del alma que la escribió, o del momento de esa alma —una pequeña alma ocasional— que la proyectó. ¿Por qué no podrá haber entre alma y alma una comunicación oculta, un entendimiento sin palabras, mediante el cual adivinemos la sombra visible a través del conocimiento del cuerpo invisible que la proyecta, y entendamos el símbolo, no porque reconozcamos haberlo visto, sino porque conocemos aquello de lo cual es símbolo. [...] Cuanto más profundas sean las emociones, más alto será, dado el necesario poder de expresión, el mérito de la obra o de las obras. Y cuanto más profundas las emociones, mayor también será su grado de humanidad, de universalidad. Por eso los mayores poetas de la humanidad son también los más humanos, y por serlo son también los más universales.


Y, en ese sentido, se nos plantea una primera cuestión: si queremos fomentar en los jóvenes la lectura debemos estar en la disposición de reconocer que debemos, tanto tomar en cuenta lo que para ellos es significativo e importante, como darles a conocer a aquellos escritores cuya voz es universal. En el video Experiencia de un círculo de lectura con adolescentes de educación secundaria del Valle de Chalco2 puede verse cómo los jóvenes muestran sus gustos e intereses en relación con los libros. En ese sentido me parece que los temas de ficción y la poesía son los que suelen ser más atractivos para los adolescentes, es decir, aquéllos en donde se desborda el mundo de lo posible, lo cual es así porque en ellos la capacidad de imaginar todavía determina la de razonar. La realidad para ellos tiene límites muy distintos a los nuestros o quizá ni siquiera tenga límites. Sin embargo, a pesar de que hable de los jóvenes en un sentido genérico, no debemos perder de vista que esto es una idealización, ya que cada uno de ellos constituye un mundo particular. Ésa es la razón por la que Ezra Pound, en su espléndido libro El abc de la lectura, señala queLa ambición del lector puede ser mediocre, y no habrá dos lectores con ambiciones idénticas. El maestro sólo podrá dirigir sus instrucciones a aquéllos que más desean aprender, de todos modos puede darles un ‘aperitivo’, una lista de las cosas que pueden aprenderse en literatura o en alguna sección dada de ésta. (29)

Leer texto completo en: http://www.correodelmaestro.com/anteriores/2001/abril/2anteaula59.htm

JOSE EMILIO PACHECO PREMIO CERVANTES 2009